sábado, 2 de abril de 2011
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miércoles, 2 de marzo de 2011
En nuevo libro el Papa analiza a judíos, Judas y Última Cena
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ROMA, 03 Mar. 11 / 12:02 am (ACI/EWTN Noticias)
En su nuevo libro, la segunda parte de "Jesús de Nazaret", el Papa Benedicto XVI demuestra una vez más que el estudio científico de las Sagradas Escrituras puede y debe estar siempre acompañado de una actitud orante que permita una profundización clara sobre los misterios de la vida del Señor.
De manera inesperada la Oficina de Prensa del Vaticano y L'Osservatore Romano dieron a conocer ayer algunos extractos del libro, una semana antes de la presentación del texto, en el Vaticano el 10 de marzo, que trata los últimos días de Jesús desde su entrada a Jerusalén hasta su resurrección.
Estos extractos se refieren a Judas, la fecha de la Última Cena y el juicio de Cristo ante Poncio Pilato.
Sobre los judíos durante el juicio de Jesús, el Papa afirma que en el Evangelio de San Juan, este señalamiento sobre quienes instigaron la muerte del Señor no debe ser interpretado como algo "racista" o una condena contra el pueblo de Israel.
"Después de todo, Juan mismo era étnicamente un judío, como también lo eran Jesús y sus seguidores", precisa el Papa. "Toda la primera comunidad cristiana estaba formada por judíos. En el Evangelio de Juan esta palabras tiene un significado claro y definido: se está refiriendo a la aristocracia del Templo".
Sobre la crucifixión del Señor, el Santo Padre señala que "los cristianos recordarán que la sangre de Jesús habla un idioma distinto al de la sangre de Abel: no clama por venganza o castigo, trae reconciliación. No se vierte contra nadie, se vierte por muchos, por todos... A la luz de la fe... estas palabras no son una maldición, sino redención y salvación".
En cuanto a la traición de Judas, Benedicto XVI señala que su historia es relevante para los cristianos de todos los tiempos.
"La traición de Judas no fue la última infidelidad que Jesús tuvo que sufrir... La ruptura de la amistad se extiende hasta la comunidad sacramental de la Iglesia, en donde la gente sigue tomando 'su pan' y traicionándolo", escribe.
Judas sabía que había pecado al entregar al Señor, sin embargo "ya no creía en el perdón" para él. "Su remordimiento se torna en desesperación. Nos muestra el tipo equivocado de remordimiento: el tipo que es incapaz de la esperanza. (...) El remordimiento genuino está ciertamente marcado por la certeza de la esperanza nacida de la fe en el poder superior de la luz que se hizo carne en Jesús".
El Papa también escribe sobre la fecha de la Última Cena, un tema tratado por diversos expertos desde los primeros tiempos del cristianismo.
Los cuatro evangelios están de acuerdo al señalar que Jesús murió un viernes, antes de anochecer y al comienzo del Sabbath judío. Sin embargo, según el evangelio de San Juan, Jesús fue condenado al mismo tiempo en que los corderos para la Pascua eran sacrificados en el Templo judío. Eso significaría que murió antes de la Pascua, contrario a lo que dicen los otros evangelistas.
Sobre este tema el Papa recomienda "con ciertas reservas" la solución propuesta por el P. John Meier, un experto en Biblia en Estados Unidos y autor del estudio en cuatro volúmenes: "Un judío marginal: Repensando al Jesús histórico".
Meier concluye que ninguno de los cuatro Evangelios presenta la Última Cena de Jesús como una comida tradicional de Pascua. En otras palabras, es probable que Jesús haya sido crucificado antes de la cena de Pascua que se celebraba ese año, consistente entonces con el relato de Juan.
La Última Cena, escribe el Papa, "fue la Pascua de Jesús. Y en este sentido celebró y no celebró la Pascua: los antiguos rituales pudieron no cumplirse porque al llegar el tiempo Jesús ya había muerto. Pero en realidad se había entregado, y entonces verdaderamente había celebrado la Pascua con ellos. Lo antiguo no fue abolido, fue llevado a su pleno significado".
Dios no fuerza a nadie a ser felices en su Amor, dice el Papa
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VATICANO, 02 Mar. 11 / 11:02 am (ACI/EWTN Noticias)
En la Audiencia General de este miércoles, el Papa Benedicto XVI habló sobre San Francisco de Sales, que enseña con su vida que "Dios nos atrae con lazos de amor y de verdadera libertad, no a la fuerza; nos llama al completo abandono a su voluntad y a la plenitud del amor que es la caridad".
En la audiencia celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa habló sobre este santo obispo y Doctor de la Iglesia que vivió entre los siglos XVI y XVII. Nacido en 1567, de una noble familia francesa, cuando todavía era joven San Francisco, "tuvo una crisis profunda, mientras reflexionaba sobre el pensamiento de San Agustín y de Santo Tomás de Aquino".
Esta crisis "lo llevó a interrogarse sobre su salvación eterna y el destino que Dios le tenía reservado, sufriendo como un verdadero drama espiritual las principales cuestiones teológicas de su tiempo". Así "se abandonó entonces al amor de Dios: amándolo, sin esperar nada, y al mismo tiempo, confiando en el amor divino. Este será el secreto de su vida".
El Santo Padre explicó que Francisco fue ordenado sacerdote en 1593 y consagrado obispo de Ginebra en 1602, "en un período en que la ciudad era bastión del Calvinismo. Apóstol, predicador, escritor, hombre de acción y de oración, empeñado en la controversia y en el diálogo con los protestantes, experimentó, más allá del necesario debate teológico, la eficacia de la relación personal y de la caridad".
Con Santa Juana Francisca de Chantal, fundó la Orden de la Visitación, "caracterizada por una consagración total a Dios vivida en la sencillez y humildad". San Francisco de Sales muere en 1622.
"En su obra 'Introducción a la vida devota', dirige una invitación que en aquella época pudo parecer revolucionaria. Es la invitación a ser totalmente de Dios, viviendo en plenitud la presencia en el mundo y las tareas del propio estado".
"De este modo, nacía así la llamada a los laicos, la atención por la consagración de las cosas temporales y por la santificación de la vida cotidiana, sobre las que insistirán el Concilio Vaticano II y la espiritualidad de nuestro tiempo".
Refiriéndose a otra obra fundamental del santo, "Tratado del amor de Dios", el Papa resaltó que "en una época de intenso florecimiento místico, es una verdadera y propia 'summa', y al mismo tiempo una obra literaria fascinante".
"De acuerdo con el modelo de la Sagrada Escritura, San Francisco de Sales habla de la unión entre Dios y el ser humano, desarrollando toda una serie de imágenes de relación interpersonal. Su Dios es padre y señor, esposo y amigo".
"En el tratado -prosiguió el Papa- encontramos una profunda meditación sobre la voluntad humana y la descripción de su fluir, pasar, morir, para vivir, no sólo en el abandono total a la voluntad de Dios, sino a lo que a El le agrada, a su beneplácito. En la cumbre de la unión con Dios, además del éxtasis contemplativo, se encuentra el reflujo de la caridad concreta, que está atenta a todas las necesidades de los demás".
Benedicto XVI dijo luego que "en una época como la nuestra, que busca la libertad, incluso con violencia e inquietud, no hay que olvidar la actualidad de este gran maestro de espiritualidad y de paz, que da a sus discípulos el 'espíritu de libertad', aquella real, como ápice de una enseñanza fascinante y completa sobre la realidad del amor".
"San Francisco de Sales -concluyó- es un testigo ejemplar del humanismo cristiano; con su estilo familiar, con parábolas que a veces tienen un estilo poético, recuerda que el ser humano lleva impresa en lo más profundo de sí la nostalgia de Dios y que sólo en Él encuentra la verdadera alegría y su realización más plena".
En su síntesis en español, el Papa recordó los dos libros más importantes de San Francisco de Sales, "La introducción a la vida devota, pensada para los laicos y que abre de forma revolucionaria el camino de perfección a todos los estados de vida, y el Tratado del amor de Dios, en el que presenta un itinerario hacia Dios que nace de la inclinación de todo hombre a amar a Dios".
"Este itinerario lo desarrolla con imágenes de relación interpersonal (padre y señor, esposo y amigo). Dios nos atrae con lazos de amor y de verdadera libertad, no a la fuerza; nos llama al completo abandono a su voluntad y a la plenitud del amor que es la caridad".
En su saludo en castellano el Papa animó a los fieles a que, "siguiendo el ejemplo de San Francisco de Sales, sepáis encontrar la libertad verdadera en el amor incondicional a Dios, nuestra verdadera alegría y nuestra plena realización".